La felicidad no existe

Unos hablan de que para ser feliz hay que buscar la autorealización, la cúspide de la pirámide de Maslow. Algunos hablan de transcendencia, de darle sentido a la vida. Otros dicen que para ser feliz tu vida debe tener un propósito.

Pero no creo que ninguna de esas sea la solución. Porque hay algo que te sabotea desde dentro. Algo en tu interior que se impone a tu felicidad.

Es el sistema 2 de nuestra mente (si no sabes lo que es, entra aquí), también conocido como el yo consciente, ésa voz en la cabeza, que nunca está satisfecha.

Por ejemplo, si estás estudiando en la universidad, tu sistema 2 está ocupado consiguiendo un objetivo. Tiene un motivo por el que funcionar y un futuro previsible. Todo cambia cuando consigues ése objetivo, consigues tu título y ahora toca buscar trabajo. Si no encuentras trabajo pronto, no podrás pasar un día tranquilo. Tu voz en la cabeza te bombardea con frases como: “Hoy no has hecho nada.”, “Tienes que hacer algo con tu vida.”, “¿Qué futuro te espera así?”.

O puede que tengas un trabajo estable, pero no tengas pareja. Tu sistema 2 te mandará mensajes para recordártelo: “Se te va a pasar el arroz”, “Cuanto más tiempo pase, más difícil va a ser”, “Tienes que encontrar ya a tu media naranja”.

También puede ocurrir que estés pasando una época aburrida o monótona en tu vida. Entras en Facebook y ves las fotos de tus amigos pasándolo bien, viajando y de fiesta. En esos momentos tu sistema 2 te dice cosas como: “Estás desperdiciando tu vida”, “No tienes suficientes amigos”, “Necesitas tener más cosas, tener más aficiones” (esto es el llamado miedo a perderse algo).

¿Por qué nuestro yo consciente nos machaca tanto?

El sistema 2 tiene un solo objetivo: hacerte sobrevivir en el ambiente. Ha evolucionado adaptándose lo mejor posible a lo que nos rodea. Hasta ahora le ha ido muy bien. Nos ha proporcionado la razón, que nos ha permitido vivir, y no sólo sobrevivir. Ha conseguido colocarnos en la cima de la cadena alimenticia, eliminando toda amenaza del ambiente.

En la actualidad, la función de hacernos sobrevivir ya no la necesitamos. Pero el sistema 2 sigue ahí, ocioso, aburrido, sin nada que hacer. ¿Y qué hace cuando se aburre? Seguir trabajando en nuestra supervivencia, o sea, en nuestra mejor adaptación al ambiente. Para eso existe.

¿Y qué quiere decir eso en la actualidad? Como no hay una amenaza clara para nuestra supervivencia, nuestro sistema 2 observa a las personas “mejor adaptadas” del mundo actual, y te hace desear ser como ellos y tener lo que tienen. Quiere que seas tan adaptado como ellos (o más).

¿Y quiénes son los mejores adaptados? En la sociedad actual de consumismo, derroche y apariencia, donde el envase importa más que el contenido, los mejores adaptados son los ricos y los famosos. Ésa es la cúspide social. Si eres rico y famoso, eres feliz, ¿o no?

La adaptación hedónica

Pero si tienes 3 comidas diarias, luz, agua corriente y un teléfono móvil, estás ya en el percentil 80. O sea, que estas en el 20% de arriba. Eres un privilegiado. ¿Por qué no lo ve así tu sistema 2?

Porque hay un efecto llamado adaptación hedónica. Un ejemplo: ahora mismo, sin mirarte ni tocarte los pies, intenta saber dónde está el borde de tu calcetín. No lo sientes porque tu cerebro se ha adaptado a ese estímulo y lo ignora. Lo mismo ocurre a nivel emocional con nuestros logros y posesiones. Si te suben el sueldo estarás feliz durante los primeros meses, después te acostumbras. Si te compras un coche nuevo, lo apreciarás durante un tiempo, después te acostumbras. Si ganas una medalla en tu afición favorita, tendrás un subidón de emociones y hormonas, y después vuelves a como estabas antes.

El sistema 2 se acostumbra a lo que ya tienes, y busca que vuelvas a sobrevivir, que vuelvas a adaptarte. Constantemente.

“Espero que todo el mundo pueda llevar a ser rico y famoso, y que puedan tener todo lo que hayan soñado, para que puedan saber que ésa no es la respuesta.”

– Jim Carrey

¿Y si la felicidad no existe?

¿Y si es como ocurre con la oscuridad, que es simplemente la ausencia de luz, o como con el frío, que es simplemente la ausencia de calor? ¿Y si la felicidad es la ausencia de preocupaciones, tristeza o miedo?

¿Y si nos hemos convencido para perseguir algo que no existe? ¿Algo que hemos idealizado?

Vivir y saber sentir las emociones del presente, como cuando te dan escalofríos al escuchar tu canción favorita o cuando estás acurrucado bajo una manta caliente en una noche de invierno; puede que esos instantes fugaces e intensos, en donde no caben las preocupaciones, arrepentimientos o miedos… puede que eso sea la felicidad.

Este cuento hindú me hizo pensar en ello:

Un gato anciano observaba como un inquieto gatito trataba de cazar su propia cola y le preguntó:

– ¿Por qué intentas perseguirte la cola?

 El gatito respondió:

– Yo busco la felicidad y para un gato la felicidad es su cola. Por eso la persigo. Algún día lo lograré y seré feliz.

Entonces el gato viejo dijo:

– Hijo mío, aunque me ves aquí tan tranquilo, yo también he pensado que mi cola era la felicidad, pero cuando la persigo se escapa. Por eso, yo voy haciendo mi camino y ella es la que me sigue a mí.

Deja de buscar la felicidad. Permítete sentir el presente.

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