La escuela nos hace perder mucho

Si has leído alguno de mis artículos anteriores, sabrás que no me gusta el sistema educativo actual. Hoy quiero hacerte una pregunta que tiene que ver con el tema:

¿Para qué sirve la educación actual?

Si piensas que sirve para ser alguien en la vida… En España es muy común ir a la universidad cuando terminas los estudios obligatorios. Ir a la universidad no te hace “ser alguien”. Lo que hagas con tus conocimientos, sí.

Si piensas que sirve para asegurarte el futuro, tener un buen trabajo y ganar mucho dinero… Díselo a los ingenieros que pensaron así y que ahora están de cajeros en el Mercadona. Los estudios no aseguran un trabajo estable ni unos ingresos altos.

Si piensas que no sirve para nada… No es así. Te enseña algo que no se ve, pero que está ahí.

La respuesta es sencilla: La educación actual nos enseña a obedecer.

De pequeños tenemos algo que vamos perdiendo con la edad: La curiosidad. Gracias a la curiosidad, cuando somos niños lo preguntamos todo, lo tocamos todo y lo probamos todo. Como no tenemos prejuicios ni miedos (salvo los instintivos), intentamos hacer cualquier cosa sin temer hacerlo mal.

Cuando somos niños nos sobra creatividad, pero todo cambia cuando comenzamos la escuela:

  • Forma filas
  • Levanta la mano para hablar
  • Pide permiso para ir al aseo
  • Lo correcto es lo que pone el libro
  • Obedece al profesor

En definitiva, se castiga todo lo que no sea estar sentados en silencio y atendiendo. Esa rutina provoca que olvidemos nuestra naturaleza curiosa. Ahora hasta hay un síndrome en psicología llamado TDAH (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad) que se considera una enfermedad, pero si lo miras bien, es algo totalmente normal: un niño que no quiere quedarse sentado ni atender charlas aburridas de gente mayor.

Se mata nuestra curiosidad, para aprender a seguir las normas. Al cabo de unos años siguiendo estas normas, cuando el profesor pregunta si tenemos alguna duda, los niños antes tan curiosos y preguntones, ahora se quedan en silencio.

El cuento de la flor roja con el tallo verde

Hay un famoso cuento que me gustó mucho y que da un buen ejemplo de todo esto:

Un niño pequeño acaba de empezar la escuela. Un día, la profesora dijo:

– “Hoy vamos a dibujar.”

– “¡Qué bien!” – Pensó el niño. A él le gustaba mucho dibujar: sabía hacer leones, trenes, aviones y casas. Había dibujado mucho en casa. Sacó sus lápices y empezó a dibujar.

Pero la profesora dijo:

– “Esperen, todavía no he dicho qué hay que dibujar. Hoy vamos a dibujar flores.”

– “¡Genial!” – Pensó de nuevo el niño. Le gustaba mucho dibujar cosas llenas de colores como las flores. Sacó sus colores y empezó a dibujar flores.

Pero la profesora dijo:

– “Esperen, yo les enseñaré cómo.” – Y empezó a dibujar en la pizarra una flor roja con el tallo verde.

A él le gustaban más las flores amarillas, pero no dijo nada y empezó a dibujar lo que decía la profesora: una flor roja con el tallo verde.

Otro día, cuando el niño entraba a clase, la profesora dijo:

– “Hoy vamos a hacer algo con barro.”

– “¡Qué bien!” – Pensó el niño, le gustaba mancharse las manos y hacer personas, camiones y animales con barro.

Pero la profesora dijo:

– “Esperen, todavía no he dicho qué hay que construir. Hoy vamos a hacer un plato.”

– “¡Genial!” – Pensó de nuevo el niño. Y empezó a estirar su bola de barro.

Pero la profesora dijo:

– “Esperen, yo les enseñaré cómo.” – Y empezó a dibujar en la pizarra la forma de un plato plano y redondo.

Él quería hacer un plato de otra forma, pero no dijo nada y empezó a hacer lo que la profesora dijo.

Poco a poco, el niño aprendió a esperar a ver qué tocaba hacer cada día y también a esperar a ver cómo lo hacía la profesora.

Un día, la familia del niño se mudó de casa y el pequeño empezó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la profesora dijo:

– “Hoy vamos a dibujar”.

– ¡Qué bien!” – Pensó el niño, y esperó a que la profesora dijera qué hacer.

Pero la profesora no dijo nada, sólo caminaba por la clase. Cuando llegó hasta el niño, ella dijo:

– “¿Por qué no dibujas nada?”

– “Porque todavía no sé qué hay que dibujar hoy”.

– “Dibuja lo que más te apetezca”. – Respondió la profesora.

– “¿De verdad? ¿Lo que yo quiera?”

– “Sí, dibuja lo que quieras.”

– “¿Y de cualquier color?”

– “De cualquier color.” – dijo por último la profesora. -“Si todos dibujamos lo mismo y con los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo?”

– “No sé.” – contestó el niño, y empezó a dibujar una flor roja con el tallo verde.

escuela mata creatividad

Seguir instrucciones sólo sirve para ser un empleado obediente

La habilidad para seguir instrucciones sólo nos convierte en empleados obedientes. Nada más. No tiene ninguna otra utilidad, pero es lo que mejor aprendemos con la educación actual.

Todo esto ocurre porque el sistema educativo actual surge en la época industrial, cuando se necesitaban personas formadas, pero que pudieran “intercambiarse” fácilmente para no romper la cadena de montaje de las fábricas. Pero ahora ya no estamos en la época industrial, aunque todavía nos educan como si así fuera.

Por ello, aprendemos que hay que tener un trabajo “estable” como empleado, ésa parece ser la mejor opción para vivir, pero nadie te dice que ese trabajo tan estable puede desaparecer con sólo dos palabras de tu jefe: “Estás despedido”.

Qué falsa es esa ansiada estabilidad.

En la época actual, lo sensato no es tener un “trabajo estable”, ya que éso sólo asegura una fuente de ingresos que puede desaparecer más fácil de lo que se cree. Lo sensato es tener MUCHAS fuentes de ingresos. Piénsalo ¿Por qué depender de una sola fuente de ingresos cuando puedes tener varias?

Seguro que piensas algo como: “Me cuesta ya mantener una sola fuente de ingresos, como para mantener varias”. Y yo te digo que si piensas así, es que sigues estando en la época industrial.

Si hablo de muchas fuentes de ingresos, no estoy diciéndote que consigas varios empleos por horas. Eso sería un suicidio. No. Yo hablo de los modelos de negocios que han surgido en la época actual, y que ofrecen unas posibilidades ilimitadas. Me refiero a los negocios escalables y pasivos.

Negocios escalables y pasivos

¿Qué es un negocio escalable y pasivo?

Un negocio escalable y pasivo es aquél que puede multiplicar sus ingresos, sin tener que multiplicar los gastos de producción ni el tiempo de elaboración.

Un ejemplo de negocio NO escalable ni pasivo es ser panadero: si para vender 20 barras de pan, necesitas comprar 10 kilos de harina y dedicar 2 horas de tiempo, para vender 1.000 barras de pan, necesitarás 500 kilos de harina y 100 horas de tiempo. Sigue una progresión lineal.

Un ejemplo de negocio escalable y pasivo es ser escritor: para vender 1 copia de un libro necesitas 1000 horas de tiempo, pero si el libro tiene éxito y vendes 10.000 libros, no necesitarás dedicar más horas a escribir que las que ya dedicaste. Sigue una progresión exponencial.

¿Pero sabes cuál es la principal dificultad para crear un negocio escalable y pasivo? Que requiere grandes dosis de creatividad.

¡Sorpresa! Ahora toca joderse y empezar a abrir la mente que nos cerraron con 18 años de educación formal orientada a seguir instrucciones. Seguir órdenes no te dará ingresos escalables y pasivos.

Hace unos años, cuando empecé a adentrarme en este tipo de negocios, notaba cómo mi mente se resistía a pensar: Lo primero que hice fue buscar tutoriales, guías, consejos… NECESITABA que alguien me dijera cómo hacer las cosas, paso a paso. Estaba ansiando seguir las órdenes e instrucciones de alguien. Pero poco tardé en darme cuenta de que ese método no sirve. Es algo del pasado.

Tuve que volver a aquel método de los niños del “prueba-error”. Lo malo de ese método es que tienes que equivocarte, y con una educación orientada a seguir órdenes, pocas veces hemos tenido que equivocarnos para aprender algo. Por tanto, tenemos miedo al fracaso, a equivocarnos. Miedo a dedicarte a algo que no valga para nada, que no lleve a ninguna parte. Pero la realidad es que si no nos equivocamos, no aprendemos. Cada error es una lección sobre cómo no hacer algo.

“Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que se pueden cometer en un campo muy estrecho.”

– Niels Bohr

La próxima vez que tengas que hacer algo nuevo, no busques un tutorial

¿Verías un tutorial en Youtube para aprender a montar en bici? (Que los hay, y con más visitas de las que me esperaba). Espero que no. Cogerías la bici e irías a un sitio despejado y sin cuestas y lo intentarías una y otra vez. Pues no busques tampoco guías para hacer otras cosas.

Ésa es mi propuesta. No mires cómo lo han hecho otros. Eso es copiar, y no aprenderás nada nuevo. Si quieres escribir una novela, no busques cómo escribir en Google. Si quieres aprender a dibujar, no mires un puñetero vídeo-tutorial y dibuja. Puede que tardes más en aprender, pero aprenderás de una forma única. Habrás construido tu propio estilo y habrás utilizado y entrenado tu creatividad.

Una vez que ya tengas tu estilo propio, serás capaz de ver cómo lo hacen otros y aprender de ellos, sin por ello tener que copiar su estilo, cogiendo sólo aquello que complemente tu forma de hacer las cosas.

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Mientras escribía este artículo, no paraba de recordar este impresionante y mítico videoclip de Pink Floyd, que representa a la perfección la idea de que la escuela mata la creatividad:

Y también te dejo la charla TED más vista de la historia: “¿Las escuelas matan la creatividad?”:

 

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